Quiero decirle cómo me resultan de incomprensibles
sus ojos bellos
y cómo la miro y la miro sin decidir nada
que resuelva esta quietud que tampoco entiendo.
Al cabo de un instante desisto,
salgo del frágil trance y vuelvo a lo mío.
Sin usted en mi vida.
No obsequian nada en este mundo por detenerse.
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